El retorno del «Gordo»

Desde hace varios años, cuando las tarariras están comiendo en subsuperficie utilizo un señuelo que mueve bastante agua y tiene buen volumen. Descubrí estas virtudes en el Fatty Crank 65 y, desde entonces, siempre hay un par en mi morral de vadeo. Mis compañeros de pesca son testigos, por caso, en el río Carcarañá o en las lagunas frente a Diamante.

¿Qué cualidades tiene para justificar esta aseveración? Para empezar, su buen peso para el casteo. Especialmente en baitcast, donde hay que mover desde cero la inercia rotativa de la bobina del reel, si el señuelo no tiene un poco de peso, el tiro sale corto. Este Fatty Crank es ideal para recorrer áreas amplias, cuando todavía no descubriste dónde están acardumadas las taruchas o cuando están dispersas por un sector amplio.

Además, ese mismo peso te permite un tiro más preciso, no solo más lejano, tema que suele ser fundamental cuando existe mucha vegetación y no queremos perder un señuelo en un juncal, por ejemplo, ni arruinar el lugar, si se puede llegar a buscarlo.

Ya en el agua, la acción es muy interesante: oscila para ambos lados, de cabeza, viniendo hacia el pescador, con mucha vibración. Me encanta para aguas frescas de principios de temporada y aguas barrosas también. Se lo puede recoger con mayor velocidad, y baja un poquito, pero nunca más de unos 50/70 cms o, más lentamente, y “tiembla”, bien arriba, casi, casi en superficie.

Como todo señuelo duro y gordo, no bien se siente el pique hay que clavar. Recomiendo llevar bien afilados los triples. Los que vienen de fábrica son buenos. Al menos, nunca tuve problemas con tarariras de buen porte.

Es una buena noticia su reposición para ya tenerlo en cancha, pues este año, pese al récord de temperaturas bajas en la Argentina, ya se han sacado tarariras con señuelo en julio y hasta en lagunas. Se viene una gran temporada, aunque hablan de una creciente del Paraná y, entonces, habrá que pescarlas en charcos cerrados. Veremos, veremos.